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martes, 4 de septiembre de 2012

Última noche en España

Después de un par de días ajetreados, por fin puedo contar la experiencia de mis primeros tres días en Dinamarca.

Nuestra aventura comienza el sábado 1 de septiembre a las 11 de la noche en Zaragoza, donde por circustancias de la vida cogemos un autobús Supra, en el cual yo nunca me había montado. Era muy espacioso como ya se esperaba. Nos daban toda el agua que queríamos y nos regalaron unos auriculares (de manera que los 3 euros pagados de más se amortizaron adecuadamente). Pero además teníamos esto:

¡Pantallas individuales! Los que estáis acostumbrados a los Supra no os impactará demasiado, pero yo me lo pasé como un crío investigando todos los recovecos del sistema: música, televisión (aunque solo el canal que eligió el conductor, que resultó ser el 24horas), películas (más bien malas), fotos de ciudades españolas, y además había wifi, que dada la cantidad de cosas que había no era necesaria.

Después, en el aeropuerto todo ocurrió con normalidad. En el control de policía vieron algo raro y me hicieron abrir la maleta, pero resultó ser chorizo y jamón serrano, y ya que el país está en crisis no hay que perjudicar las exportaciones. Así se hicieron las 6.45 y nuestro avión estaba despegando. A partir de aquí no puedo decir mucho más. En el mismo instante en el que el avión se levantó del suelo yo ya estaba dormido y así fue hasta que empezamos a descender, momento en el cual pudimos (casualmente) ver toda la DTU desde el aire. No pude hacer fotos pero trataré de hacerlo en mi segundo vuelo a Copenhague.

Una vez en el aeropuerto de Copenhague la casera vino a buscarnos. Nos trajo a casa, y después de instrucciones y alguna cosa más, en el primer hueco que tuve, me dediqué a dormir otras 3 horitas. Después, por fin cenamos y rápidamente otra vez a dormir, que el día siguiente era duro (como ya estaba previsto).

Bueno, al final no he contado los tres días pero prefiero hacer post más breves, así que seguiré contándolo pero con un par de días de retraso.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Penúltima pesada de la maleta

¡Ya está toda la maleta preparada!
Pero... falta lo más importante: no pasarse ni un gramo de peso en el avión para no pagar 40€ más (o tirar ropa en el aeropuerto).

Para ello he realizado dos mediciones. La primera de ellas con la tabla de la wii, la cual ha dicho que la maleta pesaba 20.2 kilos. Pero antes de tener la wii, como yo nunca he tenido ninguna báscula para el baño ni nada por el estilo, lo hacía usando un método mucho más tradicional.

Esta báscula romana se la regaló mi abuelo a mi padre hace muchos años y aún la venimos usando para muchos menesteres. No es muy grande, pero puede medir hasta 25 kilos. El sistema es el de una palanca, a un lado del punto de apoyo se pone a un lado la masa a medir (¡que no peso!) y al otro lado un contrapeso. Cuando ambos queden equilibrados, obtendremos los kilos que tenemos.

Pues bien, con ésta báscula mi maleta pesaba entre 19,5 y 20 kilos ya que va en tramos de 500 gramos y es dificil encontrar el punto de equilibrio exacto.

Ya veremos qué ocurre en el aeropuerto y cuál de los dos métodos era más exacto, aunque me temo que aún habrá que hacer pequeños ajustes en el aeropuerto.